sábado, 6 de julio de 2019

Ni gatos ni coherencia

Últimamente tengo sueños costumbristas, sueños de ajo y perejil, de café derramado. Sueños que me gustaría soñar a la hora de la siesta, que pegan más, no sé, que de noche. A la noche le van más el carnaval y el vino espumoso que la misa, la pompa, el boato. Las herejías, las faltas de ortografía y el clavel son personajes de la sombra, de una realidad que se sucede sin géneros. Las luces solo iluminan parcelas de asfalto. Ninguna pretende llegar a más, a nada. Lo cromático, en la noche, es un paso de tango y quebranto que se reafirma en la contradicción. Creo.