miércoles, 12 de octubre de 2022

Carta ausente

Hoy he estado escuchando, como casi todos los días por otra parte, a Ismael. Spotify en su infinita sabiduría me ha puesto una canción que empieza diciendo: "hola soy yo, sólo llamaba, porque estos lunes siempre me matan". Así que he decidido seguir el ejemplo de Ismael y dejar este mensaje en un contestador un tanto atípico.
Mi mensaje empieza con un ¿qué tal?. En esta entrada me voy a evitar el tránsito de ser prosopopeico y voy a ser bastante directo; la última vez que hablamos frugalmente me quedé preocupado. Quizá fue sin motivo, pero esa preocupación estaba ahí y como tampoco quiero ni creo que tenga el derecho de preguntarte asiduamente pues te pregunto por aquí. Tendré el síndrome del docente, ese que nos hace repetir una y mil veces las cosas, pero voy a seguir repitiéndome. ¿Qué tal?
Cuando preguntamos qué tal, de normal es una pregunta de tránsito para ver qué nos deparará una conversación, en este caso no lo es. Realmente quiero saber de ti, quiero saber cómo estás, cómo van tus metas y tu vida.
Aunque este miércoles casi me mata, ha amanecido pronto. Debe ser un síntoma de la edad, cada vez amanezco antes y me acuesto más pronto. Te puedo contar que mi almohada ha estrenado cenizas, aunque hubiera preferido que no fuera así. Tengo, o más bien tenía, un compañero que me ha dejado recientemente, se llamaba Google, un gran perrete al que la vida se le hizo cuesta arriba y ahora a mi su ausencia hace que las cosas me vayan un poco cuesta arriba también.
Sigo de paso por los mismos bares de siempre, en este mi norte. EL bokeh ya no existe, pero de vez en cuando paso por la calle del sol y me acuerdo de nuestro Azul, encerrado por fuera de unos barrotes haciendo compañía a los viandantes. Fuimos unos vándalos.
No tengo miedo a volar, pero tampoco tengo la necesidad. De vez en cuando viajo, cuando el trabajo y el bullicio diario me lo permite. Persigo al futuro con esperanza pero también con miedo y ahora después de que Google empezara a viajar solo, con cierta tristeza. Espero que algún día se junten de nuevo nuestros caminos y poder pagarla todo el cariño que me dio mientras fue conmigo.
Qué cosas pasan...que cerca estamos pero qué lejos. Sólo era eso, bueno pues nada, si tienes frío te presto mi abrigo, como ya hice en una tarde madrileña.
Un abrazo.

Jorge

No hay comentarios:

Publicar un comentario